Cacharros de cobre

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Mi madre me contó que a mi padre le pusieron a espantar grajos a los cinco años en el campo. Apenas pisó un colegio. Eran tiempos difíciles dónde lo importante era sobrevivir. Su amor a la pintura no era bien recibida en un entorno que sólo buscaba salvar un poco de cosecha para poder comer al año siguiente.

Pero mi padre, con una vocación más allá de cualquier limitación, buscaba la manera de pintar. De tal forma era así que, según mi madre, siendo apenas un adolescente, aprovechaba la piel de los corderos que habían sido sacrificados para el alimento de las familias más pudientes… Él secaba esas pieles y las convertía en lienzos donde poder plasmar su creatividad.

También me contó mi madre que una familia rica del pueblo quiso pagarle los estudios en Bellas Artes, ante el talento que mostraba más allá de las adversidades.

Mis abuelos se negaron y prefirieron que mi padre siguiese espantando grajos en el campo…

Todos mis esfuerzos… van por tí, papá.

“Cacharros de cobre” Gregorio Palomo Díaz.marco y cacharros

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